En los últimos años ha sido muy frecuente encontrar en las páginas de los
diarios noticias sobre ataques caninos a humanos. A raíz de estos sucesos se han
realizado diversas investigaciones para conocer las causas que llevan a un animal
doméstico como el perro a atacar a las personas de su entorno.
¿Por qué son agresivos algunos perros?
Según M.V. Rubén Mentzel, docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la U.B.A.
- Buenos Aires - Argentina y
especialista en comportamiento animal, la agresividad en los perros ha de
entenderse, en términos generales, como un conjunto de factores entre los que se
encuentran los ambientales, genéticos, individuales, fisiológicos,
motivacionales, instrumentales y hasta patológicos. Como consecuencia de este
fenómeno, se puede encontrar distintos grados de violencia canina que deberán
ser tratados por especialistas de formas diferentes.
La agresividad es una conducta natural de los perros que permite regular las
relaciones entre los miembros de una manada, y entre éstos y los otros animales.
En el entorno doméstico esto se puede convertir en un problema que dificulte la
convivencia del animal con las personas.
Los problemas de agresividad son el principal motivo de consulta en relación con
los problemas de comportamiento, ya que supone una gran preocupación para los
propietarios de animales. A esto hay que sumarle que los accidentes más graves y
habituales los sufren los niños, lo que hace imprescindible que se tomen medidas
al respecto.
Los más pequeños de la casa suelen ser las víctimas más frecuentes y la
explicación que los expertos dan a este fenómeno es que los menores no son
realmente conscientes de las amenazas previas al ataque de un perro. Un
conocimiento del lenguaje corporal de los canes puede evitar muchas veces un
ataque. Esto mismo ocurre en los casos en los que la agresividad va dirigida a
los miembros de la familia por conflictos de tipo jerárquico. En estos casos es
de vital importancia conocer cómo se establece la jerarquía en una manada y las
reglas que la mantienen en armonía para evitar este tipo de agresividad.
Aprendizaje y genética
Los comportamientos provienen principalmente del aprendizaje. Pero no se puede
olvidar que un porcentaje, aunque pequeño, proviene de la herencia genética. Lo
mismo sucede con la actitud violenta, diferente según las razas. Debido a esto,
y a que la agresividad se ha convertido en un problema de salud pública, sería
necesario controlar la tenencia de algunas razas, que es lo que ha intentado el
gobierno español a través de un Decreto Ley.
Y es que, ante el estado de alarma que se ha producido debido a este tipo de
sucesos, las autoridades han aprobado recientemente una ley sobre tenencia de
animales potencialmente peligrosos, estableciendo un catálogo de razas de perros
considerados como tales. En dicha disposición también se enumeran los requisitos
para la obtención de licencias administrativas y medidas de seguridad exigibles
para su manejo y custodia.
Por otra parte, considerando el componente de aprendizaje, puede decirse que la
agresividad es culpa del propietario. Sin embargo, esto sólo es así en el caso
de los perros que han recibido un adiestramiento específico para potenciar su
agresividad.
Perros de pelea
El entrenamiento al que se someten los perros utilizados para las peleas
ilegales comienza a los tres meses de vida, alcanzando la madurez para la lucha
a los dos años. El proceso degenerativo es duro. El perro, generalmente de
conducta noble, es maltratado para que odie al mundo. Se les adiestra para matar
comenzando a atacar los puntos débiles del rival: las patas y el hocico. Es
habitual que para el entrenamiento se les ate a un coche y se les obligue a
correr con el fin de que fortalezcan las piernas; se les hace la noria,
consistente en perseguir un trozo de carne que gira en círculo; o la goma,
método con el que el perro salta y se queda en vilo, mordiendo un objeto y
girando sobre sí mismo en el aire para reforzar la mandíbula.
En España siguen proliferando las peleas clandestinas que acaban con sus vidas y
enriquecen a sus propietarios. En Francia se comienza a legislar contra ellos.
La perrofobia llega ahora en forma de un proyecto de ley y se debate en el país
vecino. Con él se prohíbe la venta, la cesión e importación de perros de ataque.
Para los adiestradores, medidas políticas como las que se van a implantar en
Francia para los próximos diez años carecen de toda base científica y parten de
un supuesto equivocado: la existencia de genes violentos de por sí.
No obstante, en la mayoría de los casos, los perros con problemas de agresividad
no han sido entrenados, y pertenecen a un entorno familiar normal. En el origen
de la agresividad intervienen numerosos factores como ya hemos dicho, y no hay
que culpabilizar innecesariamente a los propietarios. Aunque su actuación no
haya sido la más adecuada, hay que recordar que el propietario no es un técnico
y que no ha recibido la información apropiada por parte de los que sí lo son.
Prevención
Los problemas de agresividad se pueden prevenir siempre y cuando se consideren
tres aspectos fundamentales que todo nuevo propietario deber conocer.
El primero de ellos hace referencia a la cría y socialización del cachorro. Es
importante que exista un control serio de los criadores de perros, y que éstos
sean verdaderos profesionales que conozcan perfectamente los puntos críticos del
desarrollo comportamental del cachorro, ya que son el origen de múltiples
trastornos del comportamiento. Es importante evitar destetes prematuros por
debajo de las siete semanas. Hay que garantizar también un adecuado contacto del
cachorro con las personas, tanto adultos como niños, y con otros perros durante
el periodo de socialización.
El segundo punto tiene relación con la utilización del castigo y la recompensa.
Es importante aprender a premiar y reprender de manera correcta la conducta del
perro, el castigo no debe ser físico y debe aplicarse sólo si el animal es
sorprendido en el acto.
El tercer punto se refiere al diagnóstico precoz de los problemas de
agresividad. Cuanto antes se detecte, más sencillo será tratarlo y controlarlo.
Aquí interviene tanto el propietario, que debe hablar del comportamiento de su
perro al veterinario en las distintas visitas.
El veterinario debe informarse, asimismo, de la conducta del cachorro, ya que el
propietario no siempre va a saber reconocer los primeros signos de agresividad y
sus consecuencias en el futuro. En cualquier caso, para evitar situaciones
fatales, es fundamental recibir información sobre la raza con la que se va a
convivir y cuál es el tipo de educación que necesita. No olvidemos que un perro
equilibrado y bien educado puede ser la mejor compañía para la familia.
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