Las
reglas de la jauría:
dominancia y subordinación
La
dominancia
A través de la dominancia los individuos de mayor jerarquía -es decir, los
dominantes- son los que ostentan el poder y tienen los mayores
privilegios. En situaciones de competencia por los recursos, los lobos de
mayor jerarquía son los que primero acceden a la comida, al agua y a los
lugares de descanso. Por el contrario, los lobos de menor jerarquía acceden al
alimento una vez que los más dominantes saciaron su apetito, algunas veces
cuando ya queda poco alimento, por lo que los lobos de menor rango
necesariamente deberán conformarse con las sobras.
En
el caso de los
perros que conviven con los humanos, la dominancia suele
observarse cuando los dueños de dos perros, pretendiendo que sus animales
compartan las cosas, le dan un hueso a cada animal. El perro dominante
generalmente se apropia de los dos preciados objetos y no permite que su compañero
obtenga el suyo hasta tanto él lo decida. Esta actitud produce el enojo de
muchos dueños, quienes, disgustados por el "egoísmo" de uno de sus
perros, suelen quitarle uno de los huesos y entregárselo al otro, que
pacientemente esperaba su turno antes de la intervención del ser humano.
Hechos
de este tipo pueden traer dos consecuencias sumamente negativas para
la convivencia. Una de ellas es que el propietario termine siendo mordido
por su propio perro al intentar quitarle el hueso. La otra consiste en la pelea
entre los perros ya que el dominante mostrará su enojo por no sentirse
respetado en su jerarquía, mientras que el subordinado comenzará a defender el
hueso que por ese entonces se encontrará en su zona de propiedad. Estas dos
actitudes tienen sin embargo su explicación en las propias reglas que existen
en la jauría, que como todas las reglas tienen sus excepciones.
Una
de estas excepciones a los privilegios que otorga la dominancia es la que
se relaciona con la propiedad individual, especialmente de la comida. Por
ejemplo, en el caso de los lobos, si por alguna razón un individuo subordinado
accede antes que el dominante al alimento puede impedir que el lobo de mayor
rango tome la comida hasta el momento en que él se lo permita. Mech define la
zona en la cual un lobo que posee comida no permite el acercamiento de otro como
"zona de propiedad", que abarca normalmente una distancia de
alrededor de 30 centímetros de la boca del lobo. En síntesis, a pesar del
rango que cada lobo ostente dentro del grupo, una vez que un lobo posee una
porción de comida, está más allá de toda disputa.
En
el caso de los perros, debido a que ellos se comportan con sus propios patrones
de comportamiento, es posible que a pesar de ser un animal normalmente
respetuoso de su propietario, lo agreda cuando intenta tocarle la comida o
quitarle un hueso. Esta misma razón es válida para explicar por qué un
perro subordinado que tiene un hueso puede agredir a uno de mayor rango cuando
intenta quitárselo.
Otra
excepción a la ley de dominancia tiene lugar cuando una hembra,
normalmente subordinada a un macho, tiene cachorros. Con el nacimiento de
los pequeños la hembra puede repentina y rápidamente comenzar a dominar al
macho por un período de alrededor de treinta días; durante este período
se mostrará agresiva con el macho si intenta contrariaría. Esto sirve también
para explicar por qué una perra con cachorros puede actuar agresivamente con su
familia humana a pesar de no haber mostrado con anterioridad ninguna actitud
agresiva.
Relaciones
entre un perro subordinado y otro dominante
Dentro de una sociedad altamente organizada como es la de los perros, el orden
es la premisa fundamental. Un aspecto de vital importancia para que ese orden se
mantenga es la absoluta coherencia en el accionar de cada uno de los individuos
dentro del grupo, lo cual hace que sus integrantes actúen en forma altamente
predecible. Este tipo de interacción es la causa principal que mantiene estable
la estructura social de la jauría.
Dentro
de esta estructura cada individuo ostenta un determinado rango, el cual suele
establecerse tempranamente a partir del juego entre los cachorros. El tipo de
juego que influye en el establecimiento de jerarquías es aquel que tiene
incorporado un componente agresivo. Las "peleas" durante el juego
comienzan alrededor de la tercera o cuarta semana de vida y traen aparejadas la
formación de un orden de dominancia entre los hermanos de la camada.
Este orden suele mantenerse a lo largo del tiempo a menos que ocurra algún
cambio drástico en las condiciones de vida de los animales. Lo mismo ocurre
durante la convivencia de los perros con los humanos y se observa habitualmente
cuando una persona tiene dos o más perros en su casa.
Si
bien los animales establecen rápido un orden jerárquico entre sí, los
propietarios suelen interferir en la conformación de la estructura social de
sus perros. La mayoría de los dueños suele tratarlos en forma igualitaria
y evita hacer diferencias. Este tipo de actitudes las vemos a diario cuando una
persona acaricia a sus dos perros al mismo tiempo para que, según dicen,
"no se pongan celosos" o cuando le da una galletita a cada uno para
que aprendan a compartir". Sin embargo, muchas veces no se logra lo que se
pretende y las peleas entre los animales aparecen tarde o temprano, ya que
intentar igualar a los perros en lugar de diferenciarlos trae como consecuencia
la competencia.
También
resulta habitual que el propietario de dos perros reprenda al individuo más
dominante cuando intenta demostrar su superioridad hacia el más débil. Esta
actitud genera una gran inestabilidad emocional en los animales ya que el
perro dominante aprende que en presencia del dueño su jerarquía sobre el otro
animal no es respetada, mientras el subordinado rápidamente percibe la protección
de su compañero humano. La consecuencia más frecuente de este accionar por
parte del ser humano es la
agresión entre los perros, que suele
producirse en un comienzo sólo en presencia del propietario y no cuando los
animales están solos. Como ejemplos podemos citar aquellas peleas que
ocurren entre perros cuando el dueño regresa al hogar; la situación
provocada cuando el propietario saca a pasear a uno de los perros y el otro, al
regreso, lo recibe en forma agresiva, y las agresiones que se producen cuando el
dueño acaricia a los dos animales al mismo tiempo. La explicación más
probable de estos hechos es que el perro dominante decide agredir al
subordinado porque su rol no es respetado en presencia del dueño y al mismo
tiempo el hasta ese momento subordinado también se muestra agresivo porque
trata de ocupar el rango superior por contar con la protección del propietario.
Por el contrario, en ausencia del dueño ambos perros conocen muy bien cuáles
son sus roles. Por eso, en un comienzo conviven en paz, al menos hasta que el más
débil de carácter adquiere la convicción necesaria para intentar revertir la
situación sin contar con el amparo de su desorientado propietario.
Por
todo lo dicho es posible concluir que en estos casos cualquier circunstancia
por más simple que parezca puede desestabilizar al grupo y provocar una
agresión manifiesta entre sus integrantes. Sin embargo, aunque tales conflictos
disparadores de la agresión pueden terminar en serios incidentes entre los
perros que conviven en una casa, la norma dentro del grupo suele ser la armonía.
La
sumisión
La armonía en la convivencia se produce gracias a los denominados comportamientos
de sumisión, que son aquellas manifestaciones que el perro de rango
inferior realiza con el fin de obtener la amistad del individuo dominante o de
inhibir su agresividad.
Este
tipo de situaciones se ven frecuentemente cuando las personas llevan a sus
perros a una plaza. Recuerdo un día en que me encontraba en una plaza con
Tango, un ovejero alemán de dos años de edad, y su propietario. En determinado
momento llegó al lugar un amigo del dueño junto a Mac, un cachorro de golden
retriever con el cual Tango ya había jugado en otras oportunidades. En ese
momento Mac se aproximó agachado, con la cola baja y sus orejas orientadas
hacia atrás, en estrecho contacto con la cabeza. En el instante preciso del
encuentro Mac tocó el hocico de Tango con el suyo y comenzó a realizar rápidos
movimientos con su lengua intentando lamerlo, como si estuviera dándole besos.
Esta serie de manifestaciones "amistosas", denominadas gestos de
sumisión activa, generaron inmediatamente una recepción cordial de parte
de Tango. Después de esto ambos animales comenzaron a jugar corriendo alrededor
de nosotros. Vemos de esta manera que la sumisión activa consiste en una serie
de comportamientos realizados por un individuo subordinado frente a uno
dominante, que en este caso fue utilizada como ritual de saludo, para
demostrarle su predisposición amistosa y no desafiante.
Mientras
los humanos charlábamos acerca de la excelente relación que habían
establecido ambos perros, se produjo un episodio de gran tensión entre los
animales. Resultó que otra persona que estaba en la plaza deleitándose
observando el juego entre ellos, decidió arrojarles un palito para que alguno
se lo alcanzara. Debido a que el palito cayó más cerca del sitio donde Mac
estaba, éste salió presuroso en su búsqueda. Ni lerdo ni perezoso, Tango
corrió hacia el lugar y llegó al mismo tiempo que su compañero, que ya se
aprestaba a tomar el objeto en cuestión. En ese instante y antes de que alguno
de los dos perros agarrase el palito, Tango miró fijo al cachorro y emitió
un fuerte gruñido en señal de dominio de la situación. El mensaje era
claro: si Mac intentaba tomar el palito sería agredido. El cachorro se quedó
inmóvil, se recostó sobre uno de sus lados -exponiendo la parte ventral de su
cuerpo y metiendo la cola entre sus patas traseras- y emitió un pequeño
chorrito de orina. Esta actitud, denominada sumisión pasiva, inhibió rápidamente
la posible agresión de Tango, quien serenamente tomó el objeto de la discordia
y acudió junto a su compañero al encuentro de quien se los había arrojado.
La
sorpresa y hasta desagrado que mostraron los dueños de ambos perros hizo
necesario que les explicara que la sumisión pasiva es una manifestación
extrema del comportamiento de sumisión, caracterizada por posturas que los
individuos subordinados adoptan con el fin de inhibir la agresión de los
dominantes. Los subordinados las utilizan para demostrarles a los dominantes el respeto
por su autoridad y jerarquía y la aceptación de una posición inferior
dentro de¡ orden social.
Las
interacciones sociales de los perros tienen como función principal mantener
el orden dentro del grupo sin necesidad de violentas agresiones. Además, el
hecho de que cada individuo esté seguro de su posición dentro del grupo hace
que se comporte en forma apropiada con los demás integrantes, lo cual tiene
como función que la convivencia dentro de la sociedad sea generalmente de tipo
pacífica.
Extracto del libro
"Nuestro perro"
Autor: M.V. Claudio Gerzovich Lis
Comportamiento animal
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Fuente
visitar: www.comportamientoanimal.com
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