Antes que nada hay que aclarar
que un perro no es dominante en si mismo sino que lo es en relación a otros,
cuando nos referimos a animales con un alto grado de dominancia estamos hablando
generalmente de perros que tienen esta característica extremadamente marcada.
La tendencia a la dominancia es parte hereditaria y parte educación de la
hembra a los cachorros. El cómo se mantenga esa tendencia una vez que el
perro crezca o si llegará a ser o no un rasgo negativo dependerá de la
crianza que le demos nosotros, especialmente en la etapa crucial llamada
imprinting, de la 3º a la 8º semana aproximadamente, aunque un mal manejo
puede arruinar el carácter del perro que sea a la edad que sea.
El grado de dominancia que esperemos en nuestro animal varía según lo que
esperemos de él, un perro de guarda necesitará un nivel mayor que uno familiar
donde es primordial lograr que el perro esté en el fondo de la jerarquía
(también lo debe estar el de guarda, pero se busca que no lo esté frente a
extraños y que tenga una mayor confianza en si mismo, junto con
asumir firmemente la protección del territorio). No debemos verlo como una
predisposición a la agresividad sino sólo como una característica que lo
predispone a asumir el rol de liderazgo en la manada.
Un perro que asume un alto grado en la jerarquía de la manada familiar es
un animal que ocasionalmente podría utilizar la violencia para mantener
su lugar o para hacer valer sus derechos de líder, como alimentarse primero
y en paz, ocupar lugares preferenciales del territorio y asegurarse
constantemente de la sumisión de los demás miembros hacia él. Es por esto que,
independiente de las tendencias naturales de nuestro perro, es importante
mantener claro nuestro estatus de alfa. También es importante entender que
un perro debe ser sumiso hacia la familia, no es justo que le exijamos
serlo con todo el mundo ni con otros perros, lo que si debemos fomentarle es que
no sea agresivo o descontrolado que no es lo mismo.
Es recomendable a la hora de elegir un cachorro evaluarlo mediante el
Test de campbell, luego de seleccionado
nuestra preocupación será darle una buena educación en su etapa de
socialización, sin fomentar conductas que si bien carecen de agresividad alguna
a esa edad son modelo para el futuro, todo preparándonos para la llegada de su
pubertad que será uno de los momentos donde el perro con tendencias
marcadamente dominantes podría causar más conflictos.
Los rasgos más reconocibles (no necesariamente presentará todos y eso ya
sería un caso extremo) de un perro que no tiene clara su posición en el hogar
son:
- Gruñe a los amos
cuando desean quitarle un objeto que le gusta o comida.
- No permite que lo bajen
de muebles o no deja que la gente de la casa circule por ciertos
lugares.
- Mantiene miradas fijas
a los ojos de sus amos. Esto es en perros una postura de desafío.
- Si desea que le hagan
cariño insistirá de forma molesta incluso hasta el punto de molestarse si
lo corren.
- Montará las piernas de
sus amos o pondrá patas encima constantemente.
- Utilizará la violencia
o amenazas hacia los amos. Suena obvio, pero es común que las personas
toleren estas conductas, especialmente en perros de talla pequeña sin
considerar que igual podrían llegar a producir daño algún día o simplemente
harán imposible que se les ayude en una situación extrema (atoramientos, que
queden atrapados en algún lugar, peleas, etc.)
Para evitar conflictos jerárquicos existen ciertas conductas que no se
deben permitir en un perro (en ninguno, no solo en los que presentan
conductas conflictivas, exceptuando casos muy contados de perros predispuestos
desde un comienzo a estar al fondo de la jerarquía) si queremos evitar
problemas:
Que domine a la hora de alimentarse: no podemos dejar de comer para
alimentarlo a él o convidarle de lo que comemos, no debe comer en
nuestro comedor y se debe mantener siempre el orden correcto, nosotros
comemos primero y él después.
Que domine los espacios: si nosotros debemos pasar por un lugar,
entonces él se mueve, no seremos nosotros quienes damos la vuelta.
Tampoco podemos permitirle el descansar en nuestro dormitorio que
viene a ser algo así como el centro del territorio. El lugar donde los
líderes descansan es exclusivo para ellos y ceder puede ocasionar
conflictos.
Que nos gruña: los líderes de la manada pueden hacerlo, no los
subordinados, ni siquiera por defender su comida exceptuando hambre
extrema (días sin comer). El gruñir para pedir cosas tampoco es aceptable.
Que controle los juegos: No es el perro quien decide cuando jugar, no
importa cuanto insista, tampoco decide cuando termina el juego (lo mismo
para el cariño). Somos nosotros los que decidiremos el momento y el
tiempo que jugaremos. En el caso de los juegos de tironear cosas no
debemos perder y en caso que el perro nos supere en fuerza hay que evitar
competir. Para los juegos de lucha no debemos tirarnos al piso y jugar
de espaldas como lo haría un perro sumiso.
Que se adueñe de los muebles: las posiciones altas incentivan el
sentimiento de superioridad jerárquica.
Además es muy útil el adiestrar en obediencia al animal para que se
acostumbre a recibir órdenes del amo. La práctica de estas órdenes es una vía
pacífica y cómoda de reforzar la estructura jerárquica. Un buen tip es
enseñarle a sentarse o echarse y que cada vez que se le de comida el pero
esté obligado a hacer su gracia para recibirla, así le recordamos que
somos nosotros quienes abastecemos y que se debe ganar su alimento.
Es importante aclarar que el que el perro esté subordinado a nosotros no
significa que lo estemos atemorizando, de hecho más estrés le producimos si
constantemente le estamos haciendo ver que no somos buenos líderes y su posición
jerárquica sube y baja. Recuerda que el perro también ve a su líder como
protector.
Fuente:
http://www.mascotasconce.cl/dominancia.htm
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Agradecemos mucho la colaboración para la publicación de este articulo a:
Leonardo Sepúlveda Lagos - MascotasConce.cl - Sitio Web Animalista Original -
Región del Bío Bío - Chile
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