Mirarlas mientras duermen
es contemplar el arte de la Madre Naturaleza latiendo en la entrega y la ternura
envueltas en un manojo de pelo sedoso.
Cuando perciben mi
presencia, entreabren sus ojitos y agitan en un movimiento apenas perceptible
sus hocicos.
El sueño las vence y retoman plácidamente el descanso.
Con los labios apenas
entreabiertos y mostrando las perlitas blancas de sus dientes, parecen sonreír
...
Tal vez sueñen con algún prado donde ellas y su manada disfrutan de la libertad
sin límites.
O, tal vez, estén soñando con nuestros juegos cotidianos...
Contemplarlas descansar
es recuperar la serenidad después de un día agitado por los vaivenes de nuestra
humana y estresante vida cotidiana.